Micro pesadillas lúcidas

miércoles, 6 de febrero de 2019

Runas

Mi trabajo en esa universidad continuó, pero esta vez con menos estudiantes. Los profesores líderes de cada departamento subimos al techo para cumplir con el objetivo que se había planteado en la investigación. La vista era hermosa, pero causaba más emoción ver que los árboles sumidos en una espesa niebla blanca competían en altura con el piso 70 de la institución.
Era el momento, los líderes nos reunimos al rededor de la mesa redonda que contenía un sinnúmero de runas de colores negro, naranja y transparente. Tres de ellas se distinguieron por su tamaño, las que dos compañeros y yo, levantamos al tiempo. Peter tomó la negra, esta se convirtió en rata y la lanzó al suelo, en ese momento todos salimos a correr, no por miedo, sino porque cada uno sabía qué tenía que hacer ahora. Mientras avanzaba, repetía en mi cabeza -en un pie enrollada, en el otro amarrada- una y otra vez. Al llegar a la destinada cancha de basket, me colgué de la parte alta con las piernas, llevé el rollo de soga que tenía en la bata a un pie y el otro lo amarré mientras permanecía suspendida. En ese momento llegó un diablo de color rojo, el experimento funcionó de maravilla.

martes, 1 de enero de 2019

Una muerte que no sucedió

Por la ventanilla observé las pocas nubes hermosas que se posaban en el azul infinito, pero la tranquilidad cesó ante un fuerte estruendo. El avión se partió por la mitad y yo, estando en los asientos traseros, me encontré en primera fila. Tuve ganas de gritar aunque el miedo no me lo permitió, ¡Me voy a morir! Pensé. Ahí recordé una reflexión, "la muerte siempre sorprende". ¿Sí voy a morir por qué no disfrutarlo?
Empecé a ver cómo las nubes se alejaron al soltar mi cinturón de seguridad, quise otra perspectiva así que llevé mi cabeza hacia atrás logrando un giro de 180°. Fue agua lo que se aproximó, mejoré mi posición para recibir el impacto y no lo pude creer, un doloroso golpe pero ¡estoy viva! Me concentré en mantener la respiración hasta llegar a la superficie, cuando ví algunos restos del avión. En el intento de coger alguno, sentí un empujón que me alejó de todo, insistí en devolverme hacía los objetos flotantes pero volvió a sucer, esta vez en una posición más cómoda, resulté trepada en una ballena que con comunicación telepática, me ayudó hasta que logré ver la orilla del mar.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Aborto

-Tengo que ser rápida, es mi única oportunidad.
Con los ojos entrecerrados para ver a un supuesto médico acercarse y también fingir que estoy dormida, dejé que se aproximara suficiente. De un salto ligero, pude arrancarle la jeringa que usaría para  someterme en ese cuarto con implementos de cirugía. Fue un momento eterno, pero al menos logré desestabilizarlo al inyectar su brazo con el compuesto color blanco que traía.
La puerta abierta me mostró los otros espacios del lugar, estos eran claros, diferente a la habitación en la que me encontré, así que caminé con cautela por el sitio. Cuando pasé por la cocina, tomé un cuchillo  de buen filo que llamó mi atención. Cada espacio tenía varias puertas y esto me hizo pensar que en cualquier momento alguien iba a sorprenderme por detrás. Entonces lo ví en la habitación a mi lado. Descansando, tranquilo, viendo cualquier programa de History Channel. Ahí pensé que debía matarlo. Un montón de imágenes se pasaron por mi cabeza sobre lo fácil que sería hacerlo, la fuerte propulsión de sangre al cortar su cuello, el filo del cuchillo rebanando su garganta o la punta del instrumento enterrada a dos manos; pero entonces todo esto me produjo mucho terror.
-Imposible, nunca podría hacer esto. Pensé mientras ponía mi herramienta en el piso. Me acerqué despacio y cuándo me vio, sin decir una palabra puso su brazo invitándome a acostarme junto a él. -No quiero abortar. Le dije apretando mi cabeza sobre su hombro.
-No tienes que hacerlo. Me dijo besándome la frente.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Doble parálisis


En una siesta, donde me arrulló el sonido de patinetas y gallos cantando, noté que no podía despertar. -Ah esto de nuevo, tómalo con calma, me dije. De pronto sentí unos pasos al lado de la cama. -¿Será él? Intenté abrir los ojos donde a penas logré ver una línea borrosa, pero había alguien ahí. -Imposible, no creo que haya podido escapar de la oficina un día como hoy.
Cerré mi intento de abrir los ojos y traté de dormir para despertar “bien”. Luego escuché a mis gatas jugar, sobre mí, un salto al juguete, al frente mío. De nuevo a penas abrí la línea borrosa de visión. -¿Otra vez?- Reí dentro de mí con burla. Las patinetas y los gallos los presencié claramente, tal vez esto sí sea real. -Calma Daisy, no te duermas.
Cuando desperté, pude pararme de la cama al fin, mis gatas dormían plácidamente tomando el sol, como siempre, en una larga sesión casi al punto de derretirse. -Imposible, estas cabezonas nunca jugaron en el cuarto.
Él tampoco estuvo ahí.

martes, 11 de diciembre de 2018

En ninguna parte


En un bus que se venía balanceando gracias a la forma irregular de la carretera, por la ventana visualicé una vereda. En la silla delantera venía mi amiga Stefanía como siempre sonriente. En el momento que miré hacía atrás, me di cuenta que el ocupante de la silla trasera era Antonio.
-¿Qué haces aquí? -Le dije con gran sorpresa al verlo.
-No, ¿tú qué haces aquí en México? -Dijo con un gesto a punto de reír.
-¿México? Esto es Brasil.
-Por supuesto que es Brasil. Mira la estatua -Stefanía respondió señalando por la ventana a Cristo Redentor. En ese momento todo el paisaje había cambiado confirmando lo que decía mi compañera de viaje. De pronto, un anciano con barba blanca y larga llamó nuestra atención porque reía con una gran carcajada dejando ver sus pocos dientes.
-¿México? ¿Brasil? Ninguno de los dos.
En ese momento el vehículo rodó por un gran abismo. 

jueves, 6 de diciembre de 2018

Viaje onírico


Por teléfono él me repetía una y otra vez el nombre del lugar. Tomé la segunda parte de su libro de un estante, era de color negro y su nombre en letras blancas para llevarlo a la dirección ...Alejandría, Buenos Aires. Allí el clima era perfecto, en verano, la plaza, la iglesia, el mar, el aire. 

Desperté repitiendo Alejandría, Buenos Aires. Busqué en Google Maps. El lugar existe, Libros y Café Alejandría. Me abruma la nostalgia, como si viera fotos de un lugar al que viajé, recordando los momentos que viví.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Sin salida

En un taxi, me hallé con mi mami y mi hermana, camino a un lugar incierto. El taxista no dio con la dirección y resultamos estar más lejos del destino. Pronto terminamos en un sitio sin salida, debajo de un puente con apariencia nada amable, ya que todo era suciedad y la gente de la zona, drogadictos e indigentes. En el momento que uno de ellos notó que ese no era el destino que buscábamos, con un palo en las manos se acercó y motivó a los demás a hacer lo mismo, el conductor en un rápido intento por defenderse, sacó una herramienta y los enfrentó. En ese momento, nosotras salimos corriendo, cada una por su lado. Yo llegué a un conjunto en ruinas, habitado por personas del mismo tipo, así que debía moverme con cautela. Ví unas escaleras con un abismo al final, entonces quise subirme para observar el panorama y encontrar una salida segura. Cuando crucé una esquina para llegar allí, me sorprendió un ser con apariencia de mujer que se movió con sus cuatro extremidades acercándose a mí, mientras yo retrocedía. Tenía una expresión de horror, creo que intentó pedirme ayuda, pero me aterró su aspecto, no tenía ojos sino piel hundida en sus cuencas, la piel forraba sus huesos y estaba toda cubierta de una baba que alcanzó a tocarme, salí corriendo y en el camino noté que había una pared de madera que aislaba el conjunto, por lo que tomé impulso para romperla y fue demasiado fácil. Al cruzar, alcancé a ver a mi mami que estaba en el taxi esperando que saliéramos.