Micro pesadillas lúcidas

miércoles, 6 de febrero de 2019

Runas

Mi trabajo en esa universidad continuó, pero esta vez con menos estudiantes. Los profesores líderes de cada departamento subimos al techo para cumplir con el objetivo que se había planteado en la investigación. La vista era hermosa, pero causaba más emoción ver que los árboles sumidos en una espesa niebla blanca competían en altura con el piso 70 de la institución.
Era el momento, los líderes nos reunimos al rededor de la mesa redonda que contenía un sinnúmero de runas de colores negro, naranja y transparente. Tres de ellas se distinguieron por su tamaño, las que dos compañeros y yo, levantamos al tiempo. Peter tomó la negra, esta se convirtió en rata y la lanzó al suelo, en ese momento todos salimos a correr, no por miedo, sino porque cada uno sabía qué tenía que hacer ahora. Mientras avanzaba, repetía en mi cabeza -en un pie enrollada, en el otro amarrada- una y otra vez. Al llegar a la destinada cancha de basket, me colgué de la parte alta con las piernas, llevé el rollo de soga que tenía en la bata a un pie y el otro lo amarré mientras permanecía suspendida. En ese momento llegó un diablo de color rojo, el experimento funcionó de maravilla.