Micro pesadillas lúcidas

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Aborto

-Tengo que ser rápida, es mi única oportunidad.
Con los ojos entrecerrados para ver a un supuesto médico acercarse y también fingir que estoy dormida, dejé que se aproximara suficiente. De un salto ligero, pude arrancarle la jeringa que usaría para  someterme en ese cuarto con implementos de cirugía. Fue un momento eterno, pero al menos logré desestabilizarlo al inyectar su brazo con el compuesto color blanco que traía.
La puerta abierta me mostró los otros espacios del lugar, estos eran claros, diferente a la habitación en la que me encontré, así que caminé con cautela por el sitio. Cuando pasé por la cocina, tomé un cuchillo  de buen filo que llamó mi atención. Cada espacio tenía varias puertas y esto me hizo pensar que en cualquier momento alguien iba a sorprenderme por detrás. Entonces lo ví en la habitación a mi lado. Descansando, tranquilo, viendo cualquier programa de History Channel. Ahí pensé que debía matarlo. Un montón de imágenes se pasaron por mi cabeza sobre lo fácil que sería hacerlo, la fuerte propulsión de sangre al cortar su cuello, el filo del cuchillo rebanando su garganta o la punta del instrumento enterrada a dos manos; pero entonces todo esto me produjo mucho terror.
-Imposible, nunca podría hacer esto. Pensé mientras ponía mi herramienta en el piso. Me acerqué despacio y cuándo me vio, sin decir una palabra puso su brazo invitándome a acostarme junto a él. -No quiero abortar. Le dije apretando mi cabeza sobre su hombro.
-No tienes que hacerlo. Me dijo besándome la frente.

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