Micro pesadillas lúcidas

miércoles, 17 de octubre de 2018

In the black

–¡No lo hagas!
–¡Es la única forma!
D. saltó por la cascada que, en su cálculo, era de aproximadamente veinte pisos. El impacto fue fuerte pero no tanto como la impresión que le causaba ver el abismo. Cuando finalmente llegó a la superficie tuvo que abrirse paso a través de unas cosas un poco babosas que flotaban. Una vez tuvo la cabeza fuera del agua notó que eran pedazos de cuerpos humanos. Pero estos tenían proporciones diferentes como si fueran de goma y los hubieran estirado a tal punto que un extremo era sumamente delgado y el otro, grueso. Había una teta gigante con forma de gota, un brazo que parecía ser de un bebé, algunas espaldas con sus vértebras bien marcadas con relieve sobre la piel. Manos gigantes y pequeñas. Todas eran formas femeninas y guardaban una proporción a modo de exquisito rompecabezas, de forma que no dejaban espacios a través de los que se pudiera divisar el agua. Parecía una composición dibujada por Picasso con formas hechas por Dalí.
Después de este recorrido visual D. solo quería salir. Habían trozos de estos cuerpos "deshidratados", con sus formas naturales en una orilla, que hacían empozar el agua. En la otra orilla una especie de caverna mostraba más mujeres, todas ellas desnudas. Algunas observaban a D. esperando su reacción, otras se encontraban ensimismadas.
–Pon tu celular a secar ahí, puede que aún sirva.– Una de ellas señaló un lugar con bastante arena.
D. no había notado que tenía su teléfono celular en la mano e hizo caso a la sugerencia de la chica.
Luego un canto detrás de ella le llamó la atención. Era una mujer sentada con sus rodillas cerca de la cara jugando con unas pequeñas cajas. De pronto, la perspectiva de D. cambió y era ella quien estaba sentada cantando y moviendo las cajas. Cada caja tenía una carátula con una cantante diferente. Tomo una que decía: Britney Spears in the black, otra que decía: Shakira in the black, todas estas tenían ese cierre "in the black". Una vez las leía, las lanzaba al agua. Sus movimientos eran involuntarios así que se dedicó solo a observar.
Cuando sintió que podía volver a tomar posesión de su cuerpo, cogió el celular y llamó a Ángel.
–¡Estás viva!
–Esto es peor de lo que pensaba, tengo que salir de aquí...
Una de las presentes miró a D. con una risa irónica al escuchar sus palabras.
–¿De qué te ríes?– No hubo respuesta.
–¿Alguien sabe qué sucede aquí?– Llamó la atención de varias miradas pero aún no obtenía respuesta.
D. caminó sobre los cuerpos que formaban el pozo. Buscó la forma de salir y cerró los ojos.
Al abrirlos se vio en unas escaleras de color verde, con un vestido mal puesto. Al lado derecho observaba el edificio donde se encontraba ahora, notó a través de las ventanas salones de descanso. Empezó a bajar con afán mientras halaba su vestidura ya que las escaleras no tenían contrahuella, de modo que tenía la impresión de que las personas podían ver debajo de su vestido. En los últimos escalones logró ver la portería del lugar y, a su vez, se dio cuenta de que estaba en un centro psiquiátrico, dado que las personas que caminaban por ahí se veían bastante excéntricas. En la salida había una puerta de vidrio que comunicaba al espacio de recepción, entonces sonó un timbre que avisaba que D. podía cruzar.
–¿Qué se le ofrece?
–Voy a salir.
–Deme un momento.
D. notó la expresión adusta del sujeto que respondió y se dirigió al sofá mientras organizaba su vestido.